El empresario Ricardo Salinas Pliego ha vuelto a ser protagonista en los medios, pero esta vez no por sus negocios, sino por una serie de declaraciones que parecen más una teoría conspirativa que una denuncia verificada. En respuesta a las acusaciones de fraude fiscal realizadas por la presidenta Claudia Sheinbaum, Salinas se ha lanzado a través de sus redes sociales a cuestionar el manejo de un caso vinculado al crimen organizado, desviando la atención de sus propias deudas y problemas financieros.
Salinas, dueño de Grupo Salinas, centró sus ataques en el traslado de Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad en Tabasco y líder del grupo criminal «La Barredora». Según el empresario, el caso de Bermúdez está lleno de inconsistencias y sospechas que, según él, merecen la atención del pueblo mexicano.
La acusación principal de Salinas es que el traslado de Bermúdez desde Paraguay a México duró un tiempo excesivo: 33 horas. Sin embargo, lo más alarmante para Salinas fue el hecho de que durante seis horas el avión que transportaba al criminal desapareció de los radares. El empresario comparó esta situación con un vuelo comercial de Japón a México, argumentando que un trayecto tan largo no tendría sentido en un avión privado de la Guardia Nacional.
A través de sus publicaciones, Salinas sugirió que este incidente podría estar relacionado con un supuesto encubrimiento o manipulación de la información por parte del gobierno, sin ofrecer pruebas claras o verificables. De hecho, sus publicaciones en redes sociales parecen más una narrativa ficticia que una denuncia legítima, en la que plantea preguntas no respondidas sobre lo que ocurrió durante esas horas perdidas, como: «¿A dónde lo llevaron? ¿Qué le hicieron? ¿Con quién lo cambiaron?».
Al mismo tiempo, y en un claro intento de desviar la atención, Salinas Pliego aprovechó para lanzar una serie de acusaciones sobre otros temas que él considera fraudulentos por parte del gobierno de la 4T. La rifa del avión presidencial, el fideicomiso creado por el sismo y el tren de la presidencia fueron mencionados como ejemplos de presuntos fraudes que, según Salinas, deberían ser el centro de la atención pública, en lugar de las acusaciones contra él.
Las teorías de Salinas parecen tener como objetivo desviar el foco de las críticas hacia su persona por deudas impagas, que incluyen demandas de defraudación fiscal y otros conflictos financieros que afectan a sus empresas. De hecho, algunas voces sugieren que estas declaraciones son parte de una estrategia mediática para minimizar los daños a su reputación personal y empresarial.
Salinas no es ajeno a las controversias y ha sido un actor clave en el panorama mediático, pero en este caso parece que su intento por convertir una cuestión de seguridad y justicia en México en un espectáculo mediático podría tener más que ver con el deseo de eludir responsabilidades legales y fiscales.
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