Por primera vez en su historia, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) hizo una pausa solemne en su actividad para mirar hacia el pasado y rendir homenaje a quienes, hace 57 años, fueron silenciados a sangre y fuego por atreverse a alzar la voz. Este jueves, el Pleno del máximo tribunal guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas de la masacre de Tlatelolco.
La iniciativa fue planteada por la ministra Lenia Batres, quien recordó que el 2 de octubre de 1968, el Estado mexicano reprimió brutalmente una manifestación estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas. Su llamado no solo buscaba rendir tributo a quienes perdieron la vida, sino también hacer un acto de conciencia colectiva: recordar para no repetir.
La ministra planteó que no basta con que los hechos sean parte de los libros de historia; es necesario que las instituciones del presente asuman un compromiso activo con la memoria, con la verdad y con la justicia. Su propuesta fue recibida con aprobación unánime por el resto del Pleno, incluido el ministro presidente, Hugo Aguilar Ortiz, quien respaldó el gesto sin titubeos.
Así, las y los ministros se pusieron de pie, junto con el resto de los asistentes, y durante sesenta segundos el recinto guardó un silencio que decía mucho más que mil discursos. Un silencio que recordó los gritos ahogados, las vidas truncadas y las preguntas sin respuesta que siguen doliendo más de medio siglo después.
El gesto, aunque simbólico, marca un momento histórico para el Poder Judicial. Por años, el tema fue relegado o silenciado por las instituciones. Hoy, la SCJN da un paso significativo hacia el reconocimiento de un episodio doloroso que no solo pertenece al pasado, sino que sigue moldeando las luchas por justicia y derechos humanos en el México actual.
No se trata solo de memoria, sino de responsabilidad. Recordar a las víctimas del 68 no es mirar hacia atrás, sino asumir que construir un país verdaderamente democrático exige no olvidar los errores que no deben repetirse jamás.
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