En una nueva muestra de confrontación con el Estado mexicano, Ricardo Salinas Pliego lanzó duras declaraciones contra el sistema educativo nacional, al asegurar que los gobiernos utilizan la educación para “lavarle el cerebro a sus esclavos” y convertirlos en “animalitos dóciles”.
La frase, pronunciada durante el primer episodio de su serie documental “La Revolución de la Libertad”, transmitida por TV Azteca, desató críticas por su desprecio hacia millones de estudiantes, docentes y familias mexicanas que dependen de la educación pública. Mientras tanto, el empresario sigue sin responder directamente por la deuda multimillonaria que su grupo tiene con el SAT, estimada en más de 25 mil millones de pesos.
Salinas Pliego afirmó que cada gobierno modifica los contenidos educativos para manipular a las nuevas generaciones, acusando al Estado de usar las escuelas como herramienta de adoctrinamiento. En su visión, el sistema educativo mexicano no forma ciudadanos críticos, sino individuos obedientes y fáciles de controlar.
“Cada gobierno le mete mano al sistema educativo para lavarle el cerebro a todos sus esclavos y que sean animalitos dóciles”
Estas palabras no solo descalifican al sistema público, sino que ignoran el esfuerzo diario de millones de maestros que trabajan con escasos recursos para ofrecer educación de calidad en contextos adversos. Revelan una visión profundamente elitista, donde la educación privada es vista como la única alternativa válida, en un país marcado por la desigualdad.
La serie documental —producida y transmitida por su propio consorcio mediático— también le ha servido como plataforma para presentarse como víctima de un Estado opresor, justo cuando enfrenta múltiples litigios fiscales por impuestos no pagados.
En lugar de asumir con claridad su situación legal, Salinas Pliego ha utilizado este espacio para atacar las decisiones del expresidente Andrés Manuel López Obrador, a quien acusa de eliminar los incentivos fiscales a fundaciones privadas con la intención de “quedarse con el monopolio de la caridad”.
Expertos señalan que estas reformas buscaron frenar prácticas que permitían a grandes empresarios obtener beneficios fiscales sin un impacto social real, y que su verdadera molestia podría estar relacionada con la pérdida de privilegios fiscales.
Al construir una narrativa de “libertad” y “resistencia al Estado”, Salinas Pliego intenta transformar un problema fiscal en una supuesta batalla ideológica. Sus declaraciones sobre educación, caridad y gasto público no son neutras, sino parte de una estrategia para deslegitimar las instituciones que hoy le exigen rendir cuentas.
Mientras habla de libertad y filantropía, calla sobre la desigualdad estructural que beneficia a los grandes capitales, y evita explicar cómo su modelo empresarial ha operado durante años bajo esquemas cuestionados por las autoridades fiscales.
Lejos de contribuir a un debate serio sobre el futuro del país, Salinas Pliego utiliza su poder mediático para desinformar, dividir y proteger intereses personales. Su desprecio abierto por la educación pública y su intento de manipular la opinión pública desde el privilegio representan una amenaza al discurso democrático y a la legitimidad de las instituciones públicas.
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