El debate público en torno al desaparecido Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) ha sido reactivado por quienes, desde la oposición, insisten en reivindicarlo como un mecanismo necesario para la atención de emergencias. Sin embargo, la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara al señalar que lo que se extraña del FONDEN no es su eficacia, sino los privilegios y prácticas corruptas que lo caracterizaron.
Desde el Ejecutivo federal se sostiene que el FONDEN, lejos de ser una herramienta eficiente, se convirtió en un instrumento burocrático y discrecional, donde los recursos se gestionaban de forma lenta, opaca y con criterios políticos. En este contexto, defender al FONDEN, según Sheinbaum, equivale a defender un esquema plagado de corrupción.
Contrario a lo que se ha dicho en redes sociales y medios opositores, el dinero para desastres no ha desaparecido. En realidad, el cambio ha sido en la forma en que se gestiona y distribuye. Actualmente, los recursos se entregan de forma directa a la población afectada, eliminando la intermediación de estructuras ineficientes y evitando filtraciones o desvíos.
El gobierno federal cuenta este año con 19 mil millones de pesos para enfrentar emergencias, de los cuales ya se han ejercido alrededor de 3 mil millones. Este monto se distribuye bajo un nuevo modelo de atención que prioriza la rapidez, la transparencia y la coordinación interinstitucional, dejando atrás las reglas complicadas que impedían una respuesta inmediata.
Además, la administración actual mantiene una estrategia constante de colaboración con autoridades locales, fuerzas armadas y protección civil, lo que permite actuar en tiempo real ante cualquier fenómeno natural. La prioridad ya no es el papeleo ni los contratos, sino la vida y seguridad de las personas.
Lejos de ser una desaparición de fondos, la transición post-FONDEN representa una transformación estructural en la política de gestión de desastres. Los apoyos ya no pasan por capas de funcionarios o fideicomisos cuestionables; ahora llegan directamente a quienes los necesitan, sin condicionamientos ni manejos oscuros.
Finalmente, el gobierno federal se comprometió a exponer públicamente los casos documentados de corrupción que marcaron al FONDEN, una vez superadas las emergencias actuales, como muestra de su apuesta por una gestión pública honesta y libre de intereses particulares.
Con esta reconfiguración, México no ha renunciado a su capacidad de respuesta ante desastres; por el contrario, ha optado por un camino más eficiente, humano y transparente.
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