Nicolás Sarkozy, expresidente de Francia, revela en sus más recientes memorias un episodio poco conocido de la diplomacia con México durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, destacando la influencia determinante de Genaro García Luna en las decisiones presidenciales, especialmente en torno al polémico caso de Florence Cassez.
El exmandatario francés narra cómo, previo a su visita oficial a México en 2009, percibía un ambiente favorable por parte del gobierno mexicano para permitir que Cassez —ciudadana francesa acusada de secuestro— fuera trasladada a su país de origen a cumplir su condena. Sin embargo, esa disposición cambió abruptamente, lo que despertó en Sarkozy sospechas sobre los verdaderos hilos del poder en el gobierno mexicano.
Según describe, lo que inicialmente parecía una relación cordial con Calderón se transformó en tensión cuando el tema de Cassez salió a relucir. En ese momento, Sarkozy comprendió que la postura oficial ya no respondía a decisiones del presidente, sino a la voluntad de García Luna, entonces secretario de Seguridad Pública.
El expresidente francés interpreta que Calderón actuaba subordinado a García Luna, quien ejercía un control inusual sobre las políticas del Ejecutivo, particularmente en el sector de seguridad. Esta relación de dependencia fue evidente, según su testimonio, en la rigidez con la que se rechazó cualquier intento de trasladar a la ciudadana francesa a Europa, pese a acuerdos bilaterales y el interés humanitario del caso.
Además, Sarkozy da cuenta de cómo el montaje televisivo que presentó a Cassez como secuestradora fue parte de una estrategia de manipulación orquestada desde altos niveles del Estado mexicano, con García Luna como figura central. En su narración, sostiene que el caso fue fabricado con pruebas falsas y que Cassez fue utilizada como “chivo expiatorio”, mientras Israel Vallarta, su pareja, sigue detenido sin sentencia más de 15 años después.
El expresidente francés relata también que, ante la cerrazón del gobierno mexicano, buscó otras vías de presión diplomática, incluso recurriendo al Vaticano. La Iglesia mexicana terminó realizando una investigación paralela sobre el caso, liderada por un experto cuya conclusión fue tajante: Cassez era inocente y había sido víctima de un montaje oficial. Aunque ese informe no se hizo público, sus resultados fueron clave para inclinar la balanza diplomática.
Sarkozy asegura que incluso hubo presión directa del Ejecutivo sobre la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para impedir la liberación de la ciudadana francesa. Esto coincide con testimonios posteriores como el del ministro Arturo Zaldívar, quien denunció amenazas durante ese periodo por proponer un amparo a favor de la acusada.
Genaro García Luna, ahora preso en Estados Unidos por vínculos con el narcotráfico, se perfila como la figura que no solo dirigía la política de seguridad, sino que condicionaba decisiones presidenciales, según el exmandatario galo. La historia, según su versión, no solo fue un error judicial, sino una evidencia del desbalance de poder en la administración calderonista.
En retrospectiva, Sarkozy reconoce que la negativa del gobierno mexicano a resolver diplomáticamente el caso, y la forma en la que se desestimaron evidencias de inocencia, puso en riesgo las relaciones bilaterales entre México y Francia. Finalmente, Florence Cassez fue liberada en 2013 por la SCJN, aunque el costo político y diplomático fue alto.
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