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Saga de Géminis: Roy y su estrategia en la política colombiana

Por: Enver Williamss.
Magíster en Comunicación Política y Marketing.
CEO de Focus&GoberConsulting

Si usted fue niño en los años noventa, seguro recuerda Los Caballeros del Zodiaco. Entre los doce caballeros dorados había uno fascinante: Saga de Géminis, el hombre de las dos caras. En un instante era bondad; al siguiente, oscuridad. Ese personaje mitológico, dividido entre la luz y la sombra, me viene a la mente cuando observo a Roy, un político de múltiples dimensiones: una figuravisible en el debate público y, al mismo tiempo, un estratega que trabaja desde la reserva.

En Colombia hay un nombre que resuena en voz baja dentro de la campaña presidencial: Roy.

Sí, ese mismo que ha transitado por distintos matices del espectro político —derecha, izquierda y centro—. Un hombre que, guste o no, entiende la política como pocos. Mientras algunos gritan, él calcula. Mientras otros buscan cámaras y titulares, Roy se mueve con calma, sin prisa, pero sin pausa.

A veces parece que no está. Que se esfumó del mapa político. Pero no: está trabajando, planificando, observando. Discreto, estratégico, sin protagonismo excesivo. Roy sabe cuándo hablar y cuándo callar. Es un jugador de póker —como aprendió de su antiguo jefe, Juan Manuel— que no desperdicia movimientos. No improvisa. Y en esta campaña, ese silencio no es debilidad: es parte de su método.

Como buen Géminis, combina dos naturalezas. Una orientada a la política pública y otra dedicada a la estrategia. Una para el discurso abierto y otra para la negociación prudente. Y eso, en política, no es contradicción: es instinto y supervivencia. Roy ha aprendido a moverse en los dos mundos: el de quienes sueñan con transformar y el de quienes toman decisiones.

En los círculos políticos muchos reconocen su estilo reservado, pero efectivo. Lo hace con la paciencia del que ya ha ganado batallas antes. Me recuerda a Hugo Kerguelén, aquel que no necesitaba ruido para construir poder. Planeación, precisión y ejecución: así se ganan elecciones.

Y los hechos recientes le dan la razón. Con la consulta del Pacto Histórico, que alcanzó 2.7 millones de votos, la izquierda salió fortalecida. Y con ella, el Frente Amplio, donde Roy desempeña un papel relevante. Esa cifra no solo revitaliza al sector progresista, sino que le da oxígeno a su opción presidencial. Roy sabe convertir cada número en oportunidad, cada silencio en mensaje. Mientras otros corren por un micrófono, él prefiere la conversación directa. Y sabe a quién llamar.

Conoce el país. Lo ha recorrido, lo ha escuchado, lo ha sentido. Sabe que el pueblo vota, pero que el poder se construye con acuerdos entre empresarios, partidos y sectores de oposición. Lo entendió hace rato. Por eso no gasta energía en discursos vacíos ni en confrontaciones estériles. Construye puentes. Los mismos que otros cruzarán cuando llegue el momento.

Muchos se preguntan: ¿en qué bando está Roy? En todos y en ninguno. Esa es su ventaja táctica: ha trabajado junto a Santos, ha dialogado con Uribe en su momento, fue aliado de Petro y puede tener diálogos con Gaviria y con los Lleras. Es un político de gran versatilidad, no por conveniencia —aunque algunos lo interpreten así—, sino porque comprende una verdad incómoda: en Colombia, para gobernar, hay que saber negociar con los contrarios.

Y ahí radica su ventaja. Mientras las candidaturas se desgastan en guerras de egos, Roy espera, escucha y analiza. Observa el terreno como quien estudia un tablero de ajedrez. No mueve la reina todavía, porque sabe que el juego no ha terminado. Su fortaleza es la paciencia. Su silencio, su mensaje.

Porque el silencio también comunica. Y en política, a veces dice más que mil discursos. Roy manda señales sin hablar. Se deja ver lo justo. Da entrevistas calculadas. Se muestra donde tiene que mostrarse. No se desgasta. No se quema. Sabe que el país está cansado de los gritos, del ruido y del odio. En medio de tanto estruendo, el que calla se vuelve interesante.

Tal vez hoy no sea el favorito en las encuestas, pero no lo necesita. Lo suyo es trabajo de fondo: el que se hace sin reflectores, con conversaciones reservadas y estrategias silenciosas. Roy está preparando su momento. Y cuando llegue, no será con un estallido mediático, sino con un movimiento quirúrgico. De esos que parecen casuales, pero no lo son.

Porque Roy, el de las múltiples facetas, no improvisa. Es un político que entiende que el poder no siempre se conquista gritando. A veces se conquista callando, observando y esperando el instante exacto para actuar.

Y cuando llegue ese instante —porque va a llegar—, más de uno dirá sorprendido: “¿De dónde salió?”.

No salió. Estuvo ahí todo el tiempo. Trabajando, tejiendo, calculando.

Como buen Géminis, equilibrando la política con la estrategia.

Roy, el político de las múltiples facetas, está más vivo políticamente que nunca.

No corre detrás del poder. Lo deja venir.

Y cuando llegue, lo recibirá con esa sonrisa medio irónica de quien sabía, desde el principio, que el silencio también puede ser una estrategia ganadora.

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