Generación Z justifica el fracaso de su segunda marcha: un movimiento improvisado, manipulado y sin rumbo
La autodenominada “Generación Z opositora” volvió a mostrar su fragilidad como movimiento político tras el rotundo fracaso de su segunda movilización, realizada el jueves 20 de noviembre. Con apenas un puñado de asistentes, fallas logísticas evidentes y acciones improvisadas que derivaron incluso en un intento fallido de irrupción en Ciudad Universitaria, los organizadores publicaron un comunicado en redes donde intentan justificar lo ocurrido, asegurando que “el espíritu sigue en pie”.
La declaración oficial, difundida en X, reconoce que la marcha se desmoronó por “fallos en la comunicación interna”. Sin embargo, el propio texto exhibe las contradicciones del movimiento: presumen ser una estructura “descentralizada y sin jerarquías”, pero al mismo tiempo pretenden convocar acciones nacionales sin liderazgo, sin estrategia y sin responsabilidad. Lo que llaman descentralización ha terminado convirtiéndose en desorganización pura.
Más aún, la falta de claridad sobre quién toma decisiones, qué intereses representan y bajo qué criterios actúan, deja al descubierto lo que se ha señalado desde el inicio: este grupo juvenil no es un movimiento orgánico, sino un esfuerzo manipulado por operadores partidistas —principalmente del PAN y del PRI— y amplificado por los medios de Ricardo Salinas Pliego, que han intentado presentarlo como una ola generacional espontánea.
Un movimiento sin estudiantes y sin base real
El intento fallido de intervenir en la UNAM, que los jóvenes justificaron como un intento por “motivar al estudiantado”, evidenció aún más su desconexión con la comunidad universitaria. No hubo adhesión estudiantil, no hubo respaldo en campus, y el grupo terminó dispersándose inmediatamente ante la falta de acuerdos internos.
La marcha del 20 de noviembre tampoco logró convocar a jóvenes: la mayoría de asistentes eran adultos y personas de la tercera edad, mientras que los verdaderos jóvenes —los que estudian, trabajan y sí viven los problemas del país— brillaron por su ausencia.
Un movimiento que insiste en no fracasar… mientras fracasa
En su comunicado, la Generación Z asegura que lo ocurrido no representa un tropiezo, sino una prueba de su resiliencia. Pero la narrativa no coincide con la realidad: dos movilizaciones consecutivas con baja asistencia, rutas improvisadas, fallos de logística y un evidente desgaste mediático no hablan de fuerza, sino de un movimiento artificial que ya perdió el impulso inicial que le fabricaron.
Aun así, anunciaron una nueva marcha para el 14 de diciembre, prometiendo corregir errores que no parecen entender del todo.
La narrativa importada de la derecha
La insistencia en presentar sus fallas como “pruebas de unidad” forma parte de un guion internacional de la derecha digital: movimientos que se declaran “descentralizados”, “sin líderes” y “espirituales” como forma de evadir responsabilidades y ocultar vínculos partidistas y financieros.
En este caso, la estrategia es evidente: utilizar a un grupo reducido de jóvenes influenciados en redes como fachada generacional mientras los intereses reales provienen de los mismos partidos que gobernaron México por décadas, y de un conglomerado mediático que ha invertido recursos para fabricar una narrativa de “juventud inconforme”.
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