La excandidata presidencial Xóchitl Gálvez arremetió contra el gobierno federal al proponer suspender el suministro de petróleo a Cuba, una postura con la que elevó el tono político del debate energético y utilizó el escenario internacional como plataforma de confrontación.
Gálvez acusó al gobierno mexicano de “regalar petróleo” al régimen cubano y sostuvo que el subsidio del hidrocarburo está colapsando las finanzas de Pemex, reduciendo un tema complejo de política energética y exterior a una narrativa de transferencia unilateral, sin detallar esquemas, condiciones ni mecanismos del suministro.
En su discurso, la exsenadora incorporó el argumento del autoritarismo cubano, al señalar que México estaría apoyando a un régimen que ha vulnerado derechos humanos durante décadas. La crítica colocó el tema en el terreno ideológico y de valores, más que en un análisis operativo o técnico de la relación bilateral.
Gálvez también apeló al riesgo de confrontación con Estados Unidos, advirtiendo que mantener el envío de petróleo a Cuba podría tensar la relación con el principal socio comercial de México, justo en un contexto de revisión del T-MEC. El señalamiento fue presentado como advertencia política, sin hechos inmediatos que confirmen una escalada diplomática.
El planteamiento se amplió aún más al mezclar política exterior, finanzas públicas y agenda interna, al contrastar el apoyo energético a Cuba con la situación económica de Pemex y con la dependencia comercial de México respecto a Estados Unidos, desdibujando los límites entre los distintos ámbitos.
Finalmente, Gálvez sumó a su discurso otros frentes críticos, como seguridad y desapariciones, al advertir sobre un aumento en las cifras y el riesgo de que se “maquillen” los datos oficiales. Con ello, construyó una narrativa de crisis acumulada, en la que petróleo, Cuba, Pemex, Estados Unidos y seguridad pública se integran en un mismo marco de cuestionamiento al gobierno federal.
