El nombre de Luis Donaldo Colosio Riojas no está logrando el impacto esperado en Sonora rumbo a las elecciones de 2027, encendiendo señales de alerta dentro de Movimiento Ciudadano (MC). A pesar de ser considerado una de las principales cartas del partido, las encuestas lo colocan sin fuerza suficiente para competir con Morena, que mantiene la delantera en intención de voto.
De acuerdo con mediciones recientes, Morena encabeza las preferencias con 35 por ciento, seguido por el PAN con 28 por ciento, mientras que MC se ubica en un lejano tercer lugar con apenas 11.7 por ciento. Incluso en algunos sondeos, el nombre de Colosio Riojas no aparece entre los perfiles más destacados, lo que evidencia que su presencia no está generando el arrastre electoral que el partido anticipaba.
Uno de los factores que explican este rezago es la falta de arraigo local del senador, cuya trayectoria política se ha desarrollado principalmente en Nuevo León. Esta situación ha limitado su conexión con el electorado sonorense, que no lo identifica como un actor cercano a los problemas cotidianos del estado.
Al interior de MC, el panorama ya genera preocupación. Fuentes del partido reconocen que el llamado “efecto Colosio” se ha estancado, y que la expectativa de que su apellido fuera suficiente para posicionarlo como una opción competitiva no se ha cumplido. La estrategia de capitalizar el legado de su padre, Luis Donaldo Colosio Murrieta, no ha logrado traducirse en resultados concretos en las encuestas.
Este escenario también exhibe una dependencia excesiva del capital simbólico, sin que exista un trabajo territorial sólido que respalde su aspiración. La falta de presencia física en Sonora y de una estructura política consolidada ha limitado su crecimiento frente a una maquinaria electoral como la de Morena, que mantiene ventaja con perfiles posicionados en la entidad.
Pese a que Colosio Riojas ha manifestado su interés en gobernar Sonora, señalando vínculos familiares y emocionales con el estado, los datos actuales muestran un desfase entre esa aspiración y la realidad electoral. En un contexto donde la competencia se define por estructura, presencia y cercanía, su candidatura enfrenta el reto de pasar del reconocimiento simbólico a una verdadera competitividad política.
