Una cena en Las Lomas de Chapultepec reunió por primera y única vez a dos figuras que marcarían la política mexicana: Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato presidencial del PRI, y Andrés Manuel López Obrador, entonces abanderado del PRD a la gubernatura de Tabasco. El encuentro ocurrió la noche del 21 de marzo, un día antes de que Colosio iniciara una gira por Sonora y Baja California que terminaría en tragedia.
Una cita en casa de Clara Jusidman
La reunión tuvo lugar en el comedor de la economista Clara Jusidman, quien fungió como intermediaria. Durante casi dos horas, ambos políticos hablaron de economía y coincidieron en la necesidad de abandonar el modelo neoliberal, vigente desde los años ochenta, para retomar el papel del Estado en la inversión pública y el desarrollo de la infraestructura.
López Obrador recordó que Colosio se mostró receptivo a sus planteamientos:
“Me acuerdo bien: yo le dije que la política neoliberal no era opción para el pueblo de México, que había que darle más importancia a la inversión pública y a la industria de la construcción. Él me respondió: ‘Hay que regresar a Keynes’”.
Ese diálogo revelaba que Colosio ya vislumbraba ajustes al rumbo económico del país en caso de ganar la presidencia.
De la esperanza al magnicidio
Dos días después de aquella cena, el 23 de marzo, Colosio encabezó un mitin en Lomas Taurinas, Tijuana. Entre gritos, música popular y el caos de la multitud, fue asesinado de un disparo en la cabeza por Mario Aburto Martínez. La noticia sacudió a México y dejó una herida profunda en la vida política nacional.
Para López Obrador, que entonces tenía 41 años, la muerte de Colosio significó más que un hecho trágico:
“Me dolió muchísimo porque habíamos hablado de política, de la necesidad de cambiar el modelo económico. Fue muy impactante y doloroso para todos los mexicanos”.
Ambos compartían la idea de que México debía abrir un nuevo ciclo económico, con mayor justicia social y un Estado fuerte en la conducción del desarrollo.
La cena en Las Lomas permanece en la memoria como el único diálogo entre dos caminos políticos que, de no haber mediado la tragedia de 1994, quizá se habrían cruzado nuevamente en la historia de México.
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