Investigaciones recientes indican que asistentes conversacionales de inteligencia artificial, como GPT-4 y DeepSeek, podrían convertirse en un factor determinante en la estrategia política, al modificar la intención de voto de los electores tras interacciones breves. Los estudios, publicados en Science y Nature, destacan que estas herramientas pueden influir incluso basándose en información imprecisa, lo que representa tanto una oportunidad como un riesgo para las campañas.
Los experimentos se llevaron a cabo con votantes en Estados Unidos, Canadá, Polonia y Reino Unido, quienes evaluaron su preferencia por distintos candidatos utilizando una escala de 0 a 100. Los resultados muestran que las interacciones con chatbots pueden inducir cambios significativos en la intención de voto, especialmente cuando los asistentes aplican estrategias persuasivas cuidadosamente diseñadas.
En Estados Unidos, algunos seguidores de Donald Trump modificaron su preferencia hacia la candidata Kamala Harris, experimentando cambios cercanos a cuatro puntos en la escala de intención de voto antes de las elecciones presidenciales de 2024. En Canadá y Polonia, los cambios fueron aún más marcados, alcanzando hasta 10 puntos, lo que sugiere que las tácticas de persuasión digital podrían ser decisivas en contextos electorales competitivos.
David Rand, profesor de Ciencias de la Información en la Universidad de Cornell y coautor de los estudios, señaló que estos efectos podrían ser suficientes para influir en una proporción significativa de votantes. En Canadá y Polonia, aproximadamente uno de cada 10 encuestados cambió su intención de voto tras interactuar con la IA, mientras que en Estados Unidos esta proporción fue de uno de cada 25, aunque aclaró que las intenciones de voto no siempre se traducen en los resultados finales.
Los estudios revelan que los chatbots persuasivos emplean principalmente la cortesía y el respaldo con pruebas como su estrategia más efectiva. Sin embargo, en algunos casos, los datos presentados por los asistentes resultaron inexactos o parciales, lo que plantea un desafío ético y estratégico para los equipos de campaña que podrían considerar la IA como herramienta de comunicación política.
Para los estrategas y consultores políticos, estos hallazgos subrayan la necesidad de monitorear cuidadosamente el contenido generado por IA, evaluar su veracidad y considerar la IA como un complemento, no sustituto, de la comunicación política tradicional. Asimismo, destaca la importancia de preparar a los votantes para filtrar información digital persuasiva, protegiendo la integridad de los procesos electorales.
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