La presencia del general Lázaro Cárdenas, expresidente de México (1934-1940), marcó un momento histórico en la relación entre México y Cuba. Conocido por nacionalizar el petróleo y emprender una profunda reforma agraria, Cárdenas llevó a la isla caribeña no solo su legado político, sino también un firme respaldo a la Revolución Cubana encabezada por Fidel Castro.
Un antiimperialista en La Habana
Cárdenas, con una visión crítica frente al imperialismo que había marcado la historia de América Latina, encontró en el proceso revolucionario cubano una causa afín. Desde los años en que Fidel Castro organizaba en México la expedición del yate Granma, el expresidente mexicano había mostrado simpatía y apoyo a los jóvenes insurgentes.
En agosto de 1956 conoció personalmente a Fidel y lo describió como “un joven intelectual de temperamento vehemente, con sangre de luchador”. Esa amistad y respeto mutuo se consolidarían con el paso de los años.
Una visita cargada de simbolismo
En su visita a La Habana en julio de 1959, Cárdenas participó en dos de las actividades centrales por el aniversario del 26 de julio: el desfile frente al Capitolio y la multitudinaria concentración en la Plaza Cívica. Allí, ante decenas de miles de campesinos, expresó que la Revolución Cubana despertaba un sentimiento de solidaridad en todo el continente, pues su lucha era también la de los pueblos latinoamericanos contra la opresión económica.
Con palabras firmes señaló:
“La Revolución Cubana está llena de nobles propósitos; sabemos que su ley esencial es la Reforma Agraria que abrirá en este país grandes perspectivas de desarrollo económico”.
Asimismo, recordó las similitudes entre la Revolución mexicana y la cubana: ambas habían sido objeto de campañas de desprestigio por parte de los intereses extranjeros que se oponían a sus reformas sociales.
Fidel regresa como Primer Ministro
La concentración del 26 de julio se convirtió también en un momento político decisivo: el pueblo reclamó el regreso de Fidel Castro al cargo de Primer Ministro, del cual había renunciado días antes. Entre vítores y aplausos, el presidente Osvaldo Dorticós anunció la reincorporación de Fidel, provocando una oleada de emoción popular.
Ese día, junto a Cárdenas, también estuvieron presentes figuras como Salvador Allende, entonces senador chileno, y Gloria Gaitán, hija del líder colombiano Jorge Eliécer Gaitán.
Un legado compartido
Para Fidel, la Revolución significaba gobernar “no contra el pueblo, sino con el pueblo”, un mensaje que resonaba con la visión cardenista de justicia social. Incluso la prensa internacional, como The New York Times, reconoció que Cuba había iniciado un camino sin retorno hacia una nueva forma de vida política y social.
La visita de Lázaro Cárdenas a Cuba en 1959 quedó inscrita como un símbolo de solidaridad latinoamericana, en la que un líder revolucionario mexicano acompañó a un naciente proceso que transformaría para siempre la historia de la isla y del continente.
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