El nombramiento de Ernestina Godoy como titular de la Fiscalía General de la República marcó un punto de inflexión en el sistema de justicia mexicano. El Senado la designó el 3 de diciembre de 2025 con 97 votos a favor de 127 emitidos, y con ello se abrió una etapa en la que la procuración de justicia federal quedó en manos de una figura con experiencia legislativa, jurídica y operativa, además de una trayectoria estrechamente ligada a los procesos de transformación institucional impulsados desde la capital del país.
Su llegada a la FGR no puede entenderse aislada. Forma parte de un reacomodo político e institucional más amplio dentro del gobierno encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, en el que también destaca Omar García Harfuch al frente de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Desde el inicio del sexenio, la estrategia federal ha insistido en la coordinación entre inteligencia, investigación y operación interinstitucional; en ese marco, la presencia de Godoy en la Fiscalía fortalece la idea de una conducción más articulada entre Presidencia, gabinete de seguridad y procuración de justicia. Esa “tripleta” Sheinbaum-Harfuch-Godoy no es una figura formal del Estado, pero sí puede leerse como un eje político-operativo de alta confianza para la conducción de la seguridad y la justicia en esta etapa.
A favor de Ernestina Godoy pesa, sobre todo, su paso por la Fiscalía de la Ciudad de México. Durante esa gestión, el gobierno capitalino reportó una reducción sostenida de delitos de alto impacto frente a 2019; en distintos cortes oficiales se informó una baja de entre 55% y 58%, junto con un incremento importante en las vinculaciones a proceso, prisión preventiva para imputados por delitos graves y desarticulación de células criminales mediante trabajo coordinado entre Fiscalía y policía capitalina. En 2023, por ejemplo, la propia Fiscalía reportó 15,443 personas vinculadas a proceso por delitos de alto impacto, 548 por homicidio doloso y 108 por secuestro; además, la SSC capitalina destacó la desarticulación de 251 células criminales y la detención de más de 2,000 generadores de violencia entre 2019 y 2023.
Otro de los sellos de su gestión en la capital fue la centralidad del enfoque de víctimas y de violencia de género. En informes oficiales sobre la Alerta por Violencia contra las Mujeres, la Fiscalía capitalina reportó miles de medidas de protección e investigaciones internas para corregir fallas institucionales, lo que ayudó a construir la imagen de una institución más sensible a la atención de mujeres y niñas. Esa experiencia le da a Godoy una fortaleza política y simbólica adicional en la FGR: no llega solamente como una operadora jurídica, sino como una funcionaria que ha buscado proyectar una narrativa de justicia con enfoque de derechos.
Ya instalada en la Fiscalía General de la República, Godoy empezó a mover piezas para imprimirle un sello propio a la institución. En enero de 2026 se reportó que integró a la FGR a funcionarios que habían trabajado con ella en la Fiscalía de la Ciudad de México, y en sus primeros mensajes públicos insistió en una Fiscalía “eficaz, transparente y coordinada”, al tiempo que subrayó que la colaboración con otras instancias no debía entenderse como subordinación, sino como una forma de fortalecer la autonomía constitucional de la institución. Esa definición es clave: Godoy parece apostar por una FGR menos aislada, más articulada con la estrategia nacional de seguridad y más orientada a resultados concretos.
Los retos que tiene por delante, sin embargo, son mayúsculos. El primero es abatir la impunidad en delitos de alto impacto a escala nacional, donde la complejidad supera con mucho el terreno capitalino. El segundo es modernizar las capacidades de investigación criminal, inteligencia ministerial y coordinación con fiscalías estatales. El tercero es sostener la autonomía de la FGR dentro de un contexto político donde su cercanía con Sheinbaum es pública y conocida. Y el cuarto, quizá el más importante, es demostrar que la coordinación con el gabinete de seguridad produce mejores investigaciones, judicializaciones más sólidas y resultados visibles frente a fenómenos como el crimen organizado, la desaparición de personas, la extorsión y la violencia regional.
En esa lógica, el desafío de Ernestina Godoy no consiste únicamente en administrar la Fiscalía, sino en redefinir su papel dentro del Estado mexicano. Si Sheinbaum aporta la conducción política y Harfuch la capacidad operativa de seguridad, Godoy está llamada a aportar la pieza que durante años ha sido una de las más débiles del sistema: una procuración de justicia capaz de traducir detenciones, inteligencia y operación en expedientes sólidos, sentencias y reducción real de impunidad. Ésa es la gran apuesta de su llegada a la FGR y, al mismo tiempo, la vara con la que será medida.
Ernestina Godoy llega a la Fiscalía General de la República con experiencia, cercanía política y una narrativa de resultados. Su paso por la Ciudad de México le dio credenciales de operación, coordinación y control institucional. Ahora el reto es mayor: convertir esa experiencia local en una política nacional de justicia. Si lo consigue, la triada Sheinbaum-Harfuch-Godoy podría consolidarse como uno de los ejes más relevantes del nuevo sexenio. Si no, la expectativa generada por su nombramiento se convertirá en presión. Por lo pronto, su llegada representa para el oficialismo una apuesta clara: alinear estrategia, seguridad y procuración de justicia bajo una misma lógica de Estado.
