El dirigente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, aseguró que la juventud fue víctima de autoritarismo y represión durante la marcha autodenominada “Generación Z”. Sin embargo, los hechos registrados muestran que los primeros incidentes violentos provinieron de grupos encapuchados, algunos vinculados a movimientos conservadores, que intentaron derribar vallas frente a Palacio Nacional.
Romero enfatizó que los jóvenes marchaban “pacíficamente” y que la respuesta del gobierno evidenciaba miedo al despertar de la nueva generación. No obstante, su declaración omitió la participación activa de adultos mayores, promotores políticos y exfuncionarios de partidos tradicionales, quienes fueron los principales impulsores de la movilización, mientras que los verdaderos jóvenes de la generación Z acudieron en menor número y, en varios casos, rechazaron la politización de la protesta.
Aunque condenó el uso de gas lacrimógeno, Romero no reconoció que la escalada de tensión comenzó por la acción de manifestantes encapuchados. La Secretaría de Seguridad Ciudadana informó que la marcha avanzaba en paz hasta que surgieron los incidentes, dejando al menos 100 policías heridos, 40 de ellos hospitalizados.
Además, varios participantes jóvenes cuestionaron que el movimiento fuera utilizado como herramienta de propaganda política, evidenciado por la participación de figuras como Vicente Fox, Max Kaiser y Guadalupe Acosta Naranjo. Incluso criticaron la apropiación del simbolismo de la protesta, como la bandera pirata de One Piece, ligada a agencias de medios conservadores.
La narrativa de Romero también pasó por alto que algunos sectores opositores promovieron la confrontación mediante redes sociales, troles y contenido manipulado, motivando principalmente a adultos a tomar protagonismo en lugar de los jóvenes que supuestamente representaban la movilización.
Mientras el PAN hablaba de represión, las autoridades capitalinas y federales condenaron los actos violentos y subrayaron que la marcha estuvo marcada por un contraste entre manifestantes pacíficos y grupos que buscaron la confrontación directa, dejando en evidencia que la versión de Romero dista de la realidad observada en las calles.
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