El dirigente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, aseguró que el sistema de salud en México “está en ruinas” y acusó al actual gobierno federal de haberle fallado a las familias mexicanas. Sin embargo, sus declaraciones llegan en un contexto en el que el propio Partido Acción Nacional enfrenta cuestionamientos sobre su pasado en materia de salud y su uso político de la crítica.
Durante un pronunciamiento, Romero repitió la promesa incumplida de que México tendría un sistema de salud “como el de Dinamarca”, pero evitó reconocer que la crisis en el sector no inició en 2018, sino que se arrastra desde administraciones anteriores, incluyendo los sexenios encabezados por el PAN. Expertos en políticas públicas recuerdan que, incluso bajo los gobiernos panistas, persistieron problemas graves de corrupción, abasto deficiente de medicamentos, falta de médicos especialistas y desigualdad en la cobertura de servicios.
Romero centró su discurso en la desaparición del Seguro Popular, calificándolo como un “retroceso”. No obstante, múltiples análisis académicos han señalado que dicho esquema presentaba deficiencias estructurales: afiliaciones infladas, atenciones incompletas y un gasto de bolsillo que nunca se eliminó por completo. Pese a presentarlo como “éxito” de Acción Nacional, lo cierto es que millones de personas continuaban sin acceso real a servicios médicos integrales.
El dirigente también afirmó que los gobiernos estatales del PAN son los “mejor evaluados del país” en salud, aunque omitió que en entidades gobernadas por su partido también se registran hospitales con carencias, médicos en huelga por falta de pagos y desabasto de insumos.
Críticos de su postura señalan que Jorge Romero ha optado por un discurso simplista que reduce un problema estructural —con décadas de rezagos en inversión, infraestructura y formación de especialistas— a un ataque político coyuntural. En lugar de reconocer la corresponsabilidad histórica de todos los partidos, el PAN busca capitalizar el descontento ciudadano para fines electorales.
La salud pública, coinciden analistas, exige soluciones de Estado y no solo discursos partidistas. La confrontación entre partidos, sin propuestas concretas y sostenibles, termina siendo una forma de manipulación del malestar social más que un camino hacia la garantía real del derecho a la salud.
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