Documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, recientemente revelados por una investigación de Milenio, señalan que la respuesta ineficaz del gobierno mexicano al terremoto de 1985 y el escandaloso fraude electoral de 1988 marcaron el inicio del colapso político del PRI.
Desde la óptica de los analistas estadounidenses, la gestión del sismo mostró la fragilidad del régimen priista, incapaz de reaccionar con rapidez ante una catástrofe que cobró miles de vidas y dejó a la Ciudad de México en ruinas. El entonces presidente Miguel de la Madrid fue percibido como un líder ausente, cuya administración optó por rechazar ayuda internacional, aplicar censura a los medios e inmovilizar al Ejército durante los primeros días críticos.
Mientras el gobierno permanecía paralizado, la ciudadanía se organizó espontáneamente, creando brigadas de rescate, cocinas comunitarias y redes de apoyo médico. La CIA interpretó este fenómeno como el surgimiento de una sociedad civil activa, capaz de desafiar la autoridad del Estado. Aunque en ese momento no se consideraba una amenaza inmediata, los informes advertían sobre el potencial de que emergiera un liderazgo opositor carismático que capitalizara el descontento.
Ese pronóstico comenzó a cumplirse en 1987, cuando Cuauhtémoc Cárdenas rompió con el PRI y lideró la fundación de la Corriente Democrática, una escisión que posteriormente se transformaría en el Frente Democrático Nacional.
La elección presidencial de 1988 representó un punto de quiebre. Cárdenas logró conectar con millones de votantes que aún conservaban el malestar generado por el abandono gubernamental durante el sismo. Sin embargo, el proceso electoral se vio empañado por la caída del sistema de cómputo, episodio que favoreció la victoria de Carlos Salinas de Gortari. Este hecho se convirtió en uno de los fraudes electorales más conocidos de la historia contemporánea del país.
Aunque el PRI logró mantenerse en el poder tras ese evento, su legitimidad quedó profundamente afectada. A partir de entonces, el camino hacia la alternancia política fue irreversible. El Frente Democrático Nacional evolucionó hasta convertirse en el Partido de la Revolución Democrática (PRD), consolidando una nueva fuerza de izquierda en México. Para 1997, Cárdenas asumió el gobierno del entonces Distrito Federal, y en el año 2000, el PAN logró arrebatarle al PRI la presidencia de la República, poniendo fin a más de siete décadas de hegemonía.
Hoy, a casi 40 años del terremoto de 1985, el Partido Revolucionario Institucional sobrevive con una representación política mínima, conservando solo dos gubernaturas y enfrentando altos niveles de rechazo ciudadano. A la luz de los documentos de la CIA, la crisis del PRI no fue repentina, sino el resultado de décadas de desgaste acumulado, iniciado por su inacción ante una tragedia nacional y profundizado por la pérdida de confianza en su capacidad de gobernar con legitimidad.
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