InicioEstrategiaLa derecha que pelea con el enemigo equivocado

La derecha que pelea con el enemigo equivocado

Por: Enver Williamss.
Magíster en Comunicación Política y Marketing.
CEO de Focus&GoberConsulting

En política, siempre se necesita un enemigo. Lo decía Maquiavelo: “El príncipe debe tener adversarios para consolidar su poder”. Y la derecha colombiana lo ha entendido a medias. Ha hecho de Gustavo Petro su villano favorito, su fantasma electoral, su razón de ser. Pero el problema no es Petro. El verdadero enemigo está en otro lado, y mientras no lo entiendan, seguirán perdiendo la batalla del relato.

Desde hace años, los estrategas de la derecha han convertido el “anti-Petro” en su eje narrativo. Cada campaña, cada discurso, cada tuit parece girar en torno a él. Como consultor político, sé que toda estrategia necesita contraste, pero también sé que cuando el enemigo se vuelve obsesión, terminas sirviéndole de combustible. Y eso es exactamente lo que ha pasado: con cada ataque, con cada meme, con cada escándalo inflado, Petro se fortalece.

Sun Tzu lo advirtió hace siglos: “Si no conoces al enemigo ni a ti mismo, perderás todas las batallas”. La derecha no se conoce. No entiende que el país cambió, que los votantes ya no se mueven solo por ideología sino por necesidad. Creen que un “like” es un voto, que un escándalo derrumba a un rival, que una cadena en WhatsApp puede mover las urnas. Viven en la ilusión digital de que el ruido es respaldo. Pero la política real se gana en las calles, con narrativa, cercanía y propósito.

Hoy los colombianos no buscan una derecha furiosa, sino una derecha humana, progresista, que piense en el pueblo antes que en sus intereses. Quieren líderes que hablen de oportunidades, no de odios. Que propongan futuro, no que reciclen miedo. Sin embargo, la mayoría de los candidatos de ese espectro político repiten el mismo libreto, con los mismos eslóganes y la misma soberbia. Y la pregunta inevitable es: ¿con quién están hablando realmente?

He visto con preocupación cómo algunos candidatos no leen el momento político. Atacan al presidente pensando que eso los hace fuertes, sin entender que cada golpe refuerza la victimización de la izquierda. Esa narrativa es su escudo, su alimento. Petro se crece con cada crítica, porque ha aprendido a convertir el ataque en aplauso.

La derecha necesita bajarse de su pedestal digital y pisar el barro. Escuchar al pueblo, mirar a los ojos a ese votante que no quiere discursos sino soluciones. Su enemigo no es Petro. Su enemigo es su desconexión con el país. La gente quiere empleo, seguridad, educación y esperanza. No hashtags.

Cada candidato debería tener su propio nicho, su propio público, su propia voz. No pueden depender eternamente de la estructura de Uribe o de la nostalgia de los tiempos pasados. El futuro no se conquista repitiendo consignas viejas, sino interpretando nuevas realidades.

También deberían entender que el ego no gana elecciones. Algunos dirigentes parecen hablar solo para ellos mismos, lanzando frases sin sentido, creyendo que Twitter es la plaza pública. No hay estrategia, no hay coherencia, y peor aún, no hay conexión emocional.

En este momento, Colombia no necesita una derecha rabiosa, sino una derecha inteligente. Que cambie la narrativa del odio por la de la esperanza. Que deje de ver al pueblo como una cifra y lo vea como su aliado. Porque, en el fondo, el mayor enemigo no es Petro ni la izquierda: es la soberbia, la falta de autocrítica y la distancia con la realidad.

Maquiavelo también dijo: “El que no cambia sus pensamientos, no cambia su destino”. Y la derecha, si no cambia, seguirá condenada a perder elecciones y a echarle la culpa al enemigo equivocado.

El país está esperando una derecha que abrace, no que ataque; que escuche, no que grite. Una derecha que deje de mirar a Petro… y empiece a mirar al pueblo.

Ese, y solo ese, será el día en que vuelva a ganar.

TAMBIÉN PUEDES LEER: