El Partido de la Revolución Democrática (PRD) intenta reinventarse después de su desplome electoral y la pérdida de su registro nacional, pero su más reciente movimiento —romper con el PAN y el PRI para abrirse a Morena— refleja más desesperación que renovación ideológica.
Una izquierda que olvidó ser izquierda
Durante más de una década, el PRD se alejó de sus principios fundacionales al pactar con fuerzas conservadoras que representan lo opuesto a su origen socialdemócrata. Esa estrategia, que buscaba conservar espacios de poder, terminó por diluir su identidad y confundir a su electorado.
Ahora, el bloque integrado por ocho dirigencias estatales —Ciudad de México, Michoacán, Guerrero, Morelos, Zacatecas, Hidalgo, Tlaxcala y Oaxaca— intenta reconstruir una imagen de “izquierda progresista”, aunque resulta difícil creer en esa transformación cuando el daño a su credibilidad es tan profundo.
El líder michoacano Octavio Ocampo reconoció que el fracaso de 2024 fue producto de una desconexión con la sociedad y un abandono de los ideales originales. Sin embargo, esa autocrítica llega tarde y con poco impacto, pues la mayor parte de la militancia se dispersó o migró hacia Morena, el partido que hoy ocupa el espacio político que el PRD perdió por su propia ambigüedad.
Las fracturas internas continúan
Pese a su discurso de unidad, cinco comités estatales se negaron a integrarse al nuevo bloque, entre ellos Aguascalientes, Sonora y Tabasco, donde las dirigencias locales mantienen alianzas con el PAN o el PRI. Esta división confirma que el PRD no ha superado su crisis interna, y que carece de una estrategia nacional coherente.
El intento de deslindarse de proyectos como Somos MX, impulsado por antiguos perredistas, muestra también el nivel de descomposición y fragmentación dentro del partido, que hoy lucha más por sobrevivir burocráticamente que por defender una causa política real.
Morena: la izquierda que desplazó al PRD
Mientras el PRD intenta reconstruirse, Morena se ha consolidado como el verdadero referente de la izquierda mexicana, con presencia nacional, cohesión ideológica y respaldo social. Lo que el PRD llama “coincidencias con movimientos progresistas” no es más que un intento de acercarse al partido que lo desplazó del liderazgo histórico de la izquierda.
El dirigente guerrerense Evodio Velázquez ha afirmado que buscan recuperar la esencia del partido, pero en los hechos, el PRD depende de Morena para seguir teniendo relevancia política. Sin una base sólida ni liderazgo nacional, su futuro solo parece posible como un aliado menor dentro del proyecto morenista, más por necesidad que por convicción.
Conclusión: el fin de una era perredista
Lejos de representar un nuevo comienzo, el giro del PRD hacia Morena marca el cierre simbólico de su ciclo histórico. De ser un partido clave en la transición democrática, termina como una organización disminuida, sin identidad propia y subordinada a la fuerza que alguna vez desafió.
Morena, en contraste, encarna hoy la continuidad de las causas sociales y populares que dieron origen al perredismo, pero con una estructura sólida, liderazgo definido y apoyo ciudadano. Mientras el PRD se consume en su contradicción, Morena consolida el papel que el PRD perdió por su falta de coherencia.
