InicioPolíticaLilly Téllez describe al gobierno de México como “mafiocracia”

Lilly Téllez describe al gobierno de México como “mafiocracia”

La senadora Lilly Téllez lanzó un mensaje dirigido a la presidenta Claudia Sheinbaum en el que acusó la existencia de “narcopolíticos” dentro del gobierno y de Morena, con señalamientos directos que no acompañó de pruebas públicas verificables.

A través de un video difundido en redes sociales, Téllez sostuvo que en los últimos años el país habría sido favorecido por una “narcopolítica” y cuestionó por qué no se ha actuado contra políticos que, aseguró, “todos saben quiénes son”, enumerando nombres propios y atribuyéndoles vínculos con el crimen organizado. El señalamiento se realizó sin presentar expedientes, resoluciones judiciales o datos comprobables que respalden las acusaciones.

En su discurso, la senadora también advirtió sobre el riesgo de una intervención extranjera, particularmente de Estados Unidos, como consecuencia de la política de seguridad del gobierno federal. La advertencia fue utilizada como presión política, al tiempo que responsabilizó directamente a la administración actual de abrir la puerta a ese escenario.

No obstante, el mensaje mostró una tensión discursiva: mientras rechazó la idea de una intervención externa y afirmó que México debe resolver sus problemas de seguridad por sí mismo, apeló a la cooperación con Estados Unidos como un elemento necesario, sin detallar mecanismos institucionales claros para equilibrar soberanía y colaboración internacional.

El tono del posicionamiento se enmarcó en una narrativa de colapso generalizado, al describir a México como una nación “arrodillada, acorralada y desprestigiada”, y al calificar al país como una “mafiocracia”. El encuadre generaliza responsabilidades y reduce matices, trasladando el debate de seguridad a un plano de confrontación política amplia.

Con ello, Lilly Téllez optó por un discurso de alto impacto, basado en acusaciones directas, advertencias externas y una visión de crisis total, que desplaza la discusión hacia el terreno retórico y deja fuera un planteamiento institucional preciso sobre cómo enfrentar al crimen organizado desde el Estado mexicano.

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