El Partido de la Revolución Democrática (PRD) enfrenta un escenario de declive estructural tras confirmar que en nueve estados competirá sin alianza con el PRI y el PAN rumbo a 2027, en un intento por recuperar una identidad que perdió tras años de coaliciones.
Dirigencias estatales del partido conformaron un bloque en entidades como Baja California, Guerrero, Michoacán, Tlaxcala, Zacatecas, Oaxaca, Ciudad de México, Hidalgo y Morelos, donde acordaron romper con el llamado PRIAN para “reforzar” su perfil como fuerza de izquierda. Sin embargo, la decisión se da después de un deterioro electoral profundo.
El propio partido reconoce que las alianzas con PRI y PAN fueron determinantes en la pérdida de su registro nacional, además de provocar una desconexión con su base histórica. “No vamos a tener alianzas con el PRI, con el PAN rumbo al 2027”, afirmó Octavio Ocampo, dirigente en Michoacán.
No obstante, la ruptura aparece como una estrategia tardía, luego de resultados adversos en múltiples estados. En Michoacán, el PRD pasó de gobernar a convertirse en cuarta fuerza electoral, mientras que en Guerrero y Baja California sus votaciones quedaron por debajo incluso de votos anulados.
Los datos reflejan una pérdida sostenida de respaldo ciudadano: en varias entidades, más personas prefirieron anular su voto que elegir al PRD, evidenciando una caída en su relevancia política. A nivel nacional, el partido no alcanzó el 3% requerido en 2024, lo que significó la pérdida de su registro federal.
Aunque el PRD busca reorganizarse como bloque local, su situación exhibe una fragmentación interna y falta de cohesión nacional. Cada entidad opera con autonomía, sin una estrategia unificada clara para recuperar competitividad.
Además, pese a rechazar al PRIAN, el partido no descarta posibles alianzas con Morena, lo que refuerza la percepción de dependencia política para sobrevivir en el escenario electoral.
El contraste es contundente: el PRD, que en su momento fue una de las principales fuerzas de izquierda en México, hoy enfrenta un escenario donde su presencia es marginal y dispersa, con una base electoral debilitada y sin un rumbo definido frente a las elecciones de 2027.
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