La administración de Donald Trump volvió a colocar al lobo mexicano en una situación de incertidumbre, al ordenar una revisión para determinar si debe conservar las protecciones que actualmente recibe bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción de Estados Unidos. El Departamento del Interior tendrá 90 días para evaluar su estatus, una decisión impulsada después de las quejas de ganaderos por ataques a sus animales.
La revisión ocurre pese a que el lobo mexicano todavía mantiene una población silvestre reducida y su recuperación ha dependido de un esfuerzo binacional que comenzó hace más de cinco décadas. Las campañas de exterminio del siglo pasado prácticamente desaparecieron a la especie de su hábitat natural y dejaron apenas siete ejemplares como base para los programas de reproducción que posteriormente permitieron iniciar su reintroducción en México y Estados Unidos.
Actualmente existen poco más de 300 ejemplares en libertad, mientras especialistas continúan advirtiendo sobre problemas relacionados con su diversidad genética. A pesar de ello, Trump vuelve a poner sobre la mesa la posibilidad de disminuir las salvaguardas federales, retomando una línea que ya había intentado impulsar durante su primer mandato y que terminó enfrentando obstáculos judiciales.
La Casa Blanca justificó la revisión por los daños que los lobos pueden causar a la ganadería, pero los propios programas estadounidenses contemplan compensaciones económicas y medidas de prevención para reducir esos conflictos. Entre ellas se encuentran la vigilancia de rebaños, el retiro de animales muertos y otros mecanismos disuasivos. Organizaciones ambientalistas sostienen que esas alternativas deberían reforzarse antes de recurrir a una reducción de las protecciones de la especie.
La decisión vuelve así a enfrentar décadas de política de conservación con las presiones de sectores ganaderos respaldados por Trump. Aunque el lobo mexicano todavía no ha perdido su protección, la revisión abre nuevamente esa posibilidad cuando su recuperación continúa lejos de estar garantizada. El riesgo, advierten organizaciones conservacionistas, es que una especie que apenas logró regresar a la vida silvestre vuelva a quedar expuesta a las mismas presiones que la llevaron al borde de la desaparición.
